
Con los primeros rayos de luz, comienzan a cruzar los 360 metros del puente sobre el río Ebro las fuerzas del ejército de reserva, aragoneses en su mayoría, con algunos voluntarios navarros, su ropa pardusca, y equipada a la buena de dios, con más ardor que disciplina y más aspecto de pueblo en armas que de ejército regular. Unas semanas antes, el coronel de uno de los batallones, se quejaba de que:
"Su gente solo tenía camisa y calzoncillos y de que los fusiles eran inservibles"
Al atravesar las tropas Tudela aun de noche, y al ser las calles del casco antiguo muy estrechas, fue una ardua tarea, se armó un gran jaleo, obstruyeron las callejuelas. Por estas y por la tardanza en entrar en la ciudad, los soldados tardaron en ocupar las posiciones a las fueron asignadas, es decir entre Santa Quiteria y Cabezo Maya, una gran extensión de terreno que estaba sin proteger.
Mientras el mariscal francés, Lannes, que no perdía el tiempo, se acercó ya a las inmediaciones de la ciudad, desde los montes de Cierzo, el sol despuntaba ya. Lannes se extrañó que hubiera ningún tipo de vigilancia y que el enemigo no aparecía por ninguna parte.
Un informe español de la época decía:
"En Tudela no había un cuerpo avanzado, ni un solo centinela"
A lo que añade el historiador José Muñoz Maldonado:
"Se sabía con certeza la aproximación del enemigo y no se tomó ninguna providencia, ni para dar ni para evitar la batalla"[3]
Mientras el refuerzo terminaba de cruzar el puente, y se arreglaba algo el "trafico" de tropas, carruajes, cañones y caballería por las calles de la ciudad, se oyeron los primeros estruendos de fusilería y cañonazos por parte del ejército francés.
Esto puso fin a la disputa de castaños y Palafox - ¿Resistir? , ¿Retirarse?
A toda prisa fue preciso adoptar disposiciones defensivas.
"Eran las siete de la mañana" - dice un testigo - "Cuando los primeros franceses aparecían dueños del castillo" ( Monte de Santa bárbara un cabezo que está sobre la ciudad).
Según Yanguas (historiador de aquella época) fue a las ocho cuando se tuvo en la ciudad el primer aviso de la vecindad de los franceses y de los preparativos de la lucha.
Plano del desarrollo de la batallaSegún el general Castaños en su informe comentó:
"Francisco Palafox quiso salir con su ayudante por la calleja que le pareció más corta para descubrir al enemigo y se encontró de manos a boca con una patrulla de Dragones franceses, al revolver la última esquina, por lo que tuvo que volver a grupas muy aprisa"[4]
Gracias a que las callejuelas estaban llenas de soldados españoles, aún tardaron en entrar a la ciudad.
Según otro testigo:
"El ejército de reserva empezó la acción dentro de la ciudad, los levantinos de la división Roca, acometieron bravamente a la bayoneta, consiguieron desalojar a las patullas enemigas de la cumbre de santa Bárbara"
Una vez dueños del cabezo que domina Tudela, los batallones Caro y Pinohermoso, desplegaron por las faldas del mismo, tomando posiciones en los cerros cercanos, frente a la meseta denominada Puntal del Cristo , donde ya para entonces se descrubría el grueso de las fuerzas fancesas de Maurice-Mathieu.
Los voluntarios de la división de Saint-March se disponían a ocupar las alturas de la vega del río Queiles ( Monte San Julian, hoy cementerio y el cabezo de santa Quiteria ).